Pólvora en gallinazos

El Persa

El Charlie se enamoró y boto la plata en la feria para contentar a su amada, luego ella le botó a el y se fue con un man de moto y placa, y el Charlie lloró hasta hallar consuelo en otra doncella y así una y otra vez aparecía con cara de ponque diciendo está vez si es la indicada. Pero terminó rendido gastando más semen que versos y cuando le indiqué una escopeta calibre treinta treinta le dije “esta es la indicada” aunque cuando fue a dispararla se le fue de las manos y le golpeó un ojo que le quedó morado. No hay placer sin golpe.

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