Bananos y papayas

El Persa

Nos hallamos en el puerto embriagados por el trasnocho, las mujeres bebían de las jarras y se mostraban liberadas, ya no podían ni bailar ni hablar bien, unas se les insinuaban a los mineros que las alzaban como muñecas de trapos y les iban a las grutas a dar su ración de contentos, y nosotros recitando a Neruda “… me gusta cuando callas porque estás como ausente…” y no pescábamos nada, ni una insolente mujer aun cuando nosotros por el sueño a todas las viésemos bonitas (como el Quijote) Y entonces ya amaneciendo que encuentro al César haciendo un salpicón  e intentando copular un banano con una papaya a la mitad y me mira y me dice: -para no olvidar cómo es qué se hace –

 

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